Por Diego Salgado - 02-03-2005

Es tristemente revelador que un señor de 75 años ruede sin esfuerzo aparente, sin apoyo del estudio que distribuirá el resultado, sin grandes estrellas ni efectos especiales, sin una base de prestigio o de hechos reales que preste brillo a su narración, y en tan sólo treinta y siete días, una película que deja en evidencia a productos realizados a la vez por presuntos jóvenes genios como Marc Forster ("Descubriendo Nunca Jamás"), Jean-Pierre Jeunet ("Un largo domingo de noviazgo"), Oliver Hirschbiegel ("El hundimiento") o Christophe Barratier ("Los chicos del coro"). Productos, repetimos, que presumen promocionalmente de esfuerzo sobrehumano, que juegan a lo importante, a lo sentimental, a lo premiable, y que desde el punto de vista -nunca mejor dicho- estrictamente cinematográfico, rozan la nulidad.
Y no se trata de que Eastwood dé lecciones de "clasicismo". Esa es una etiqueta discutible, enarbolada arbitrariamente por un sector de público y crítica para justificar así gustos decrépitos (1). "Million Dollar Baby", como "Sin Perdón", con sus cualidades de melancolía y tenebrismo casi abstractos, puede recordar por ejemplo a los últimos films de John Ford; sin embargo, tales aspectos son exacerbados por Eastwood a través de la fotografía y el formato panorámico, y albergan una reflexión personal e intransferible sobre la vida. De ahí nace una conciencia propia como autor plenamente moderna.
Esta modernidad no depende de edades ni de tendencias, sino del genio. De tener una visión del mundo, y una manera inconfundible de expresarla, o no tener ni visión ni maneras. Eastwood puede reconocer incluso su inutilidad como creador de historias, y por tanto su necesidad de partir de una previa (2), porque luego sí es capaz de llevar cualquiera a su terreno (3).
Así, "Million Dollar Baby" peca de un argumento convencional; de caracteres poco logrados ("Peligro" Barch, Billie "Oso azul" o la familia de Maggie); de una segunda parte desajustada con respecto a la primera; y de un desenlace que prima la aureola legendaria del personaje creado por Clint a lo largo de su carrera en vez de enfrentarlo con el efecto brutal, realista, de sus actos. No es un gran guión.
Pero la naturalidad de las interpretaciones y de los diálogos, la belleza de los escenarios sombrios y los exteriores crepusculares, la extraordinaria precisión de los encuadres y el montaje, la realidad poética de los acontecimientos, hacen del visionado de "Million Dollar Baby" una experiencia inolvidable para el espectador que todavía busque dos cosas en el cine: experiencias que le revuelvan y le preparen para asuntos del cuerpo y del corazón que todos, antes o después, nos veremos obligados a afrontar; y una realización que le permita rememorar para qué sirven las imágenes en una película.
Notas
(1) No incluye uno en esta apreciación a su compañero de página, Julio Vallejo, con quien de hecho coincidimos en cuanto al fondo de sus apreciaciones sobre el film:
http://www.cine5x.com/pelicula/critica/787/Julio_Vallejo/critica_de_million_dollar_baby.html
(2) Entrevista con Clint Eastwood. El País Semanal. Domingo, 27/02/05.
(3) Desde hace años, Clint Eastwood se ha fijado en escritos de calidad discutible: "Million Dollar Baby" está basada en parte de la novela corta y los relatos de F. X. Toole agrupados en "Rope Burns" (editados este 2005 en España por Ediciones B como "Million Dollar Baby"). "Deuda de sangre" (2002) adaptaba la novela homónima de Michal Connelly (Ediciones B, 1998). "Ejecución inminente" (1999), un best-seller de Andrew Klavan (Grijalbo Mondadori. Mitos Bolsillo). "Poder absoluto" (1997), otro de David Baldacci (Grijalbo Mondadori, 1998). "Medianoche en el jardín del bien y del mal" (1997), una novela de John Berendt (Editorial Mondadori. "Los puentes de Madison" (1995), una de Robert James Waller (Editorial Océano/Atlántida). Y "Cazador blanco, corazón negro", otra de Peter Viertel (Ediciones del Imán, 1997).