Torrente 3. El protector

Crítica

Diego Salgado

A finales de los 90 el humor escatológico, incoherente y referencial se convirtió en el preferido por los jóvenes, marcando el rumbo de la industria. Películas norteamericanas como "Algo pasa con Mary" (1998), "Scary Movie" (2000) o "American Pie" (1999) subvirtieron el género de la comedia y hallaron todo tipo de réplicas localistas más o menos afortunadas.

En España fue Santiago Segura quien cubrió la cuota con "Torrente: El Brazo Tonto de la Ley" (1997), una cinta que triunfó gracias al acertado personaje principal –un agente de la ley retirado que daba voz a lo más cutre y ruin del ser humano-, y a su intérprete, figura pública descarada y ambigua. Pero en aquella primera entrega todavía primaba lo cinematográfico: aunque visualmente el film era pobre y la propuesta agotaba su sentido mucho antes del final, su inenarrable costumbrismo esperpéntico hacía reír e incluso propició cierto debate en torno a la "corrección política" en la pantalla.

Sin embargo, ya en "Torrente 2: Misión en Marbella" (2001) el casposo policía empezaba a desdibujarse. Segura no quiso –o no pudo- escribir una peripecia convincente, y prefirió primar las apariciones de rostros conocidos, los comentarios zafios como único recurso humorístico, los guiños, una presunta espectacularidad en los títulos de crédito o las localizaciones que no venía al caso... La película necesitaba para su disfrute de la complicidad del espectador no con Torrente, sino con Santiago Segura y con el submundo de la fama y la televisión basura que el guionista y director domina a su antojo. Por eso, mientras "El Brazo Tonto de la Ley" puede revisarse, "Misión en Marbella" no aguantaba ni el primer visionado.

Bueno, pues con "Torrente 3: El Protector" la ficción ha perdido definitivamente la batalla frente a la proyección mediática del personaje y el mercantilismo de su creador. Hasta tal punto que hablar de película es exagerar. Sobre el papel, "El Protector" cuenta como Torrente vuelve a ejercer de policía para proteger a una eurodiputada italiana que pretende denunciar las actividades contaminantes de una empresa. En la práctica, la estructura de "Torrente 3" recuerda a uno de esos especiales televisivos en los que un humorista usa como excusa la parodia de una película o una serie para hilvanar una serie de gags vagamente relacionados entre sí y cuya mejor baza reside en los cameos de celebridades coyunturales.

De modo que sin desarrollo argumental, sin ingenio ni novedades en lo que se refiere a los golpes cómicos, y con una elefantiasis en la producción (formato panorámico, efectos digitales, persecuciones automovilísticas) que pretende disimular una falta de talento esencial, "Torrente 3" deviene una experiencia inútil y tediosa. Segura conseguirá con ella, por supuesto, una excelente recaudación. A cambio ha traicionado la capacidad transgresora del pobre Torrente, transformado en un comparsa de famosillos y cómicos de medio pelo.

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