Primer (2004)

Crítica

Diego Salgado

En Estados Unidos están obsesionados con los "wonder boys", los niños prodigio. La vanidad de los críticos, la insaciabilidad de los medios y los intereses de la industria cultural exigen el descubrimiento cada temporada de talentos originales, pero comparables a la vez con fenómenos previos que den pistas para su consumo. En muchos casos la novedad se agota en sí misma, la responsabilidad de repetir la jugada acogota al creador, y se cumple la máxima de F. Scott Fitzgerald: "No hay segundos actos en las vidas americanas".

En lo relativo al cine, el penúltimo niño prodigio se llama Shane Carruth. Un matemático de 32 años que tuvo el valor de abandonar su empleo como ingeniero de software para escribir, producir, realizar, co-protagonizar y montar una película con sólo 7.000 dólares y un equipo técnico de cuatro personas. El resultado, "Primer", obtuvo dos premios en el Festival de Sundance, tres nominaciones a los Independent Spirit Awards, y el reconocimiento en los festivales especializados de Sitges y Fantasporto.

Lo más curioso es que la repercusión del filme no se debe a la complicidad que establece con los aficionados al fantástico o la simple gamberrada, como ocurrió con "El Proyecto de la Bruja de Blair" o "El Mariachi". "Primer" juega más bien en la liga de "Cabeza Borradora" o "Pi", filmes que despiertan admiración porque todo el mundo intuye que cuentan algo muy interesante, aunque nadie sepa explicar qué.

No en vano, el propio Carruth reconoce que sería necesario ver más de una vez su película para entenderla. "Primer" nos introduce sin explicaciones en los trabajos de cuatro científicos que en sus ratos libres se reúnen en un garaje y buscan alguna patente que les pueda hacer ricos. Dos de ellos, investigando sobre efectos antigravitatorios, topan casualmente con un hallazgo revolucionario que pondrá a prueba su amistad y la estabilidad de sus vidas.

Si los lectores recuerdan "Todos los hombres del Presidente", modelo confeso de Carruth para contar "Primer", ya se harán una idea de lo que van a encontrar. Como en la versión cinematográfica del caso Watergate, el autor desarrolla su historia de manera elíptica y elusiva, dando por hecho que el público sabe de qué le están hablando, o pensando que la tensión narrativa bastará en sí misma para mantener su atención.

Desgraciadamente, no es así. El fragmento más interesante es, por supuesto, el central, en el que uno puede atisbar lo que está pasando y elucubrar sobre sus implicaciones. El resto del tiempo –no por casualidad escaso, "Primer" dura 78 minutos- la única tensión que puede percibirse en la sala es la de los asistentes a la proyección intentando hilar por su cuenta algún sentido a las conversaciones crípticas del primer tercio o a las idas y venidas del último.

Es obligatorio reconocer la corrección formal de la producción que, por cierto, vuelve a poner en evidencia a quienes achacan a los grandes presupuestos el éxito del cine norteamericano. Sin embargo, y mientras uno espera la oportunidad, como desea su autor, de revisar el filme en DVD, la sensación al abandonar la sala es de fiasco. Carruth avanza que su próximo proyecto gira en torno "al origen de la radiología y la religión; estará interpretado por niños". O este hombre es un genio, o en unos años le vemos firmando "Miss Agente Especial 4".

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