Ong-Bak

Crítica

Julio Vallejo

El cine de artes marciales se ha convertido en un subgénero del cine de acción desde que las películas de Bruce Lee fueran verdaderos taquillazos en los años setenta. Siguiendo esa estela, Jackie Chan, en los ochenta, y Jet Li, en los noventa, han conseguido hacerse un verdadero hueco en el panorama del cine de acción internacional. Sin embargo, y es bueno decirlo, la mayoría de los títulos de estas estrellas y de otros maestros de la patada se reducen a ser meras sucesiones de luchas adornadas con tramas simples, personajes de cartón piedra y, en ciertas ocasiones, algún elemento lejanamente espiritual.



Recogiendo la mayor parte de los tópicos del género, "Ong-Bak" se convierte en la mejor tarjeta de presentación para Tony Jaa en occidente. Experto en Muay Thai, también conocido como "El arte de las nueve armas corporales", Jaa es, con sus patadas y sus piruetas, en el máximo atractivo de una película de trama bastante mínima. Los intentos de Ting (Tony Jaa) y sus amigos por recuperar la cabeza de Ong Bak- una mítica y milagrosa estatua de Buda- de las garras de grupo de malos malísimos se convierten en una sucesión de persecuciones y escenas de acción más propias de una película de los setenta que de la actual moda "Matrix".



Pese a todo, "Ong-Bak"tiene una gran virtud: no se toma demasiado en serio así misma. En este sentido, la película puede ser disfrutada por todos aquellos amantes de las artes marciales y por los que disfrutaran con las sesiones dobles de los cines de barrio de finales de los setenta. El resto puede dedicar el tiempo a cualquier otra cosa.

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