La marca del lobo

Crítica

Julio Vallejo

Digámoslo ya: "La marca del lobo" es una de las películas más risibles de lo estrenado en España en el 2007. Basada en una novela de Annette Curtis Klause, especialista en novelas destinadas a adolescentes, el filme parece una indigesta mezcla de largometraje de terror juvenil, cinta romántica de baja estofa y episodio de "Sensación de Vivir".

La película nos cuenta la historia de Aiden (Hugh Darcy), un norteamericano dibujante de cómics de visita en Bucarest que se enamora de una joven del lugar (Agnes Bruckner). El único problema es que ella resulta ser una Mujer Lobo. Como era de previsible, los licántropos no verán bien una relación que une a uno de los suyos con su mayor enemigo: el ser humano. Con este argumento, la directora Katja Von Garnier ha realizado una cinta que mueve más a la risa involuntaria que al escalofrío. La cineasta parece más interesada en mostrar los bellos cuerpos de sus protagonistas y la ropa cool que llevan que en contar una historia más o menos coherente. Por si fuera poco, los momentos románticos están rodados como si se trataran de un videoclip de una canción babosa. Para redondear el fiasco, la cinta cuenta con una de las mayores nulidades interpretativas de todos los tiempos: Olivier Martínez. El actor francés, encargado de encarnar al jefe de la manada de lobos humanos, demuestra que la palabra inexpresividad se creo para definirle.

En resumen, "La marca del lobo" es uno de esos muchos filmes de terror que prefieren mostrar cuerpos esculturales y caras bonitas antes que ofrecer una historia bien narrada y con atmósfera cuidada. Vamos, basura con todas las letras.

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