La huella del silencio

Crítica

Julio Vallejo

"La huella del silencio", la película dirigida por Scott McGehee y David Siegel, es el fruto de dos corrientes muy típicamente norteamericanas: la obsesión de algunas estrellas del espectáculo actual por la Cábala y la algo absurda pasión que los estadounidenses parecen tener por los concursos de deletreos. Si a estos dos elementos le sumamos una reflexión más o menos casera sobre la crisis de valores de la sociedad moderna y lo condimentamos con unas gotitas de drama familiar tendremos la típica película con ganas de trascender.

Con un reparto donde sobresalen las actuaciones de Richard Gere y Juliette Binoche, encargados de dar vida a los padres de una típica familia de clase media-alta, Scott McGehee y David Siegel nos ofrecen un típico melodrama especialmente indicado para seguidores de las doctrinas new age. Una madre obsesionada con la muerte temprana de sus padres, un hijo en busca de un sentido espiritual a su vacía vida, un padre obsesionado con enseñarle a su hija los secretos de la Cábala y una niña con especial habilidad para ganar concursos de deletreo son los elementos de una película que naufraga por casi todos los lados. De esta manera, el espectador no entiende realmente los problemas espirituales del adolescente, y cree más bien que el joven se ha unido a los Hare Cristna porque se ha enamorado de una guapa chica y como forma de rebeldía al darse cuenta de que ya no es el niño de los ojos de papá. Tampoco se explica uno cómo Richard Gere, supuestamente un marido atento, puede desconocer que su esposa, con la que lleva casado casi dos décadas, tiene problemas psiquiátricos y se dedica a hacer extraños collages en un garaje. Todo esto unido a la cursilería de la pareja de directores a la hora de visualizar las bobaliconas visiones de la pequeña maga del deletreo convierten a "La huella del silencio" en un verdadero despropósito. Sólo, y por destacar algo positivo de la película, la química que existe entre Richard Gere y Flora Cross, la joven actriz que encarna a su hija en el filme, en las escenas que ambos comparten parece ser el único elemento que redime a la película de su falsa trascendencia.

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