La casa de cera

Crítica

Julio Vallejo

El terror adolescente de Hollywood parece estar obsesionado con repetir fórmulas y argumentos de décadas pasadas. Películas como las nueva versión de "La matanza de Texas", la trilogía de "Scream" o "Kilómetro 666" buscan la inspiración o directamente copian algunas constantes de las slasher movies de los setenta y principios de los ochenta. Chicas y chicos de buen ver, abundancia de sangre, diálogos algo tontos, una pizquita de sexo eran y son las constantes de unas películas que, en la mayoría de las ocasiones, cuentan con un presupuesto relativamente pequeño, actores más o menos desconocidos y fórmulas genéricas repetidas hasta la saciedad. Sin embargo, y eso hay que señalarlo, casi ninguna de estas películas-clones, rodadas a finales de los noventa y principios del segundo milenio, ha conseguido lograr el impacto de "La noche de Halloween", la primera parte de "Pesadilla en Elm Street", "El tren del terror" o "Viernes 13".

En este nuevo pelotón de películas de terror se puede encuadrar "La Casa de Cera", un largometraje que, en cierta manera, es una versión adolescente de un clásico: "Los crímenes del Museo de Cera" (André De Toth, 1953). El filme, rodado para ser visto en tres dimensiones, convirtió a Vincent Price, el dueño loco del museo de cera, en un nombre ineludible en el peculiar star system del terror. La fama que consiguió con esta interpretación le sirvió pocos años después para ser el protagonista de la mítica serie de adaptaciones de Edgard Allan Poe realizadas por Roger Corman.
Sin embargo, y pese a tan ilustre precedente, "La Casa de Cera" sólo utiliza el punto de partida del mítico largometraje de André De Toth: la existencia de un Museo de Cera donde las figuras de cera son realmente cadáveres humanos. El resto del filme es una repetición de las constantes del terror de adolescentes que ya hemos visto en múltiples ocasiones. Como ya ocurriera en la "La Matanza de Texas", los protagonistas son unos adolescentes que, al coger un hatajo, se encuentran con un pueblo semidesconocido habitado por seres bastante alterados psicológicamente. En esta ocasión, los malos son dos hermanos dedicados a convertir a la población en un inmenso pueblo habitado por cadáveres recubiertos de cera.
Producida por Dark Castle, la compañía de Joel Silver, y dirigida en Estados Unidos por el catalán Jaume Collet-Serra, esta nueva versión de "Los crímenes del museo de cera"es un producto pensado par los adolescentes que se reirán con los estúpidos diálogos y darán algún pequeño salto en la butaca con alguno de los sustos. En este sentido, sólo hay una cosa que saca al filme de la más terrible mediocridad: la secuencia en la que dos de los guapísimos adolescentes intentan escapar de un museo de cera que se derrite con ellos en su interior.
En definitiva, y si utilizáramos un símil gastronómico, "La casa de cera" es una película fast food aliñada con una realización de videoclip, unas interpretaciones dignas de varios razzies (los anti-oscars) y regada con unas cuantas canciones rock sin fin dramático alguno.

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