Gertrud
Crítica
Diego Salgado









Quienes conocieron a Carl Theodor Dreyer (1889-1968) en sus últimos años lo describÃan como una persona amable, educada, de vida modesta. Muy consciente de su talento, despreciaba a sus aduladores e insistÃa en que se le hablará de su cine con sinceridad y pasión, pues "no sólo sus pelÃculas trataban de pasiones sino que las pelÃculas eran su única pasión" (1). Una pasión no excluyente, como demuestra su amor por la literatura, el teatro y sobre todo el arte, hasta tal punto influyente en su cine que algunos crÃticos consideran a Dreyer el sucesor natural de pintores también daneses como Vilhelm Hammershoi.
El caso es que con setenta y cinco años el realizador de obras por entonces ya tan reconocidas como "La Pasión de Juana de Arco" (1927), la bellÃsima "Vampyr" (1931), "Dies Irae" (1943) y "La Palabra" (1954) habÃa sabido evolucionar estilÃstica e intelectualmente de lo virtuoso a lo esencial. Y a su edad se plantea un último reto: "¿Cómo filmar lo irremediable? ¿Cómo filmarlo hasta el fin? ¿Cómo filmar un mundo sin otro remedio imaginable que el amor para el cual no hay remedio alguno?" (2).
Para intentarlo, Dreyer aprovecha una obra teatral escrita en 1906 por el dramaturgo sueco Hjalmar Söderberg sobre una mujer sensible, de frustradas aspiraciones artÃsticas, que tras enfrentarse dialécticamente a su marido, a su amante y a un antiguo novio prefiere renunciar a las concepciones pobres y burguesas del amor que todos ellos le ofrecen y afrontar su destino en soledad. El director respeta el texto, que conocÃa desde el principio de su carrera; de hecho lo exacerba con una puesta en escena contemplativa y simétrica, sin concesiones en lo que respecta a los decorados austeros, el escaso número de planos -¡89 para 119 minutos!- y las interpretaciones alienadas de Nina Pens Rode, Bendt Rothe, Ebbe Rode, Baard Owe y Axel Strobye.
El resultado es posiblemente la mejor pelÃcula sobre el amor que jamás se haya realizado, un drama arquetÃpico y abstracto en el que se debaten la relaciones indisolubles del absoluto con la soledad y la muerte; de la verdad con la intransigencia; y del amor verdadero con el fracaso.
Cada encuadre es una composición tan hermosa como llena de dolor. Tan desnuda como profunda. Un intento de llegar al sentido de lo inexpresable vivido por todos.
Ya se ha escrito mucho sobre "Gertrud", y es difÃcil que uno pueda aportar más con su palabrerÃa. Desde aquà humildemente se recomienda una pelÃcula que alcanza la categorÃa de obra de arte total y absoluta. Un acontecimiento que pasa en los cines -o en las salas de exposiciones y conciertos, o en las librerÃas- cada diez o quince años. La oportunidad es única, además, puesto que esta obra póstuma de Dreyer no se halla ahora mismo editada en DVD.
Notas:
(1) ArtÃculo de Ib Monty incluido en el número 5 de "Nosferatu. Revista de Cine" (enero 1991).
(2) "Gertrud, Gertrud". Serge Daney.
El caso es que con setenta y cinco años el realizador de obras por entonces ya tan reconocidas como "La Pasión de Juana de Arco" (1927), la bellÃsima "Vampyr" (1931), "Dies Irae" (1943) y "La Palabra" (1954) habÃa sabido evolucionar estilÃstica e intelectualmente de lo virtuoso a lo esencial. Y a su edad se plantea un último reto: "¿Cómo filmar lo irremediable? ¿Cómo filmarlo hasta el fin? ¿Cómo filmar un mundo sin otro remedio imaginable que el amor para el cual no hay remedio alguno?" (2).
Para intentarlo, Dreyer aprovecha una obra teatral escrita en 1906 por el dramaturgo sueco Hjalmar Söderberg sobre una mujer sensible, de frustradas aspiraciones artÃsticas, que tras enfrentarse dialécticamente a su marido, a su amante y a un antiguo novio prefiere renunciar a las concepciones pobres y burguesas del amor que todos ellos le ofrecen y afrontar su destino en soledad. El director respeta el texto, que conocÃa desde el principio de su carrera; de hecho lo exacerba con una puesta en escena contemplativa y simétrica, sin concesiones en lo que respecta a los decorados austeros, el escaso número de planos -¡89 para 119 minutos!- y las interpretaciones alienadas de Nina Pens Rode, Bendt Rothe, Ebbe Rode, Baard Owe y Axel Strobye.
El resultado es posiblemente la mejor pelÃcula sobre el amor que jamás se haya realizado, un drama arquetÃpico y abstracto en el que se debaten la relaciones indisolubles del absoluto con la soledad y la muerte; de la verdad con la intransigencia; y del amor verdadero con el fracaso.
Cada encuadre es una composición tan hermosa como llena de dolor. Tan desnuda como profunda. Un intento de llegar al sentido de lo inexpresable vivido por todos.
Ya se ha escrito mucho sobre "Gertrud", y es difÃcil que uno pueda aportar más con su palabrerÃa. Desde aquà humildemente se recomienda una pelÃcula que alcanza la categorÃa de obra de arte total y absoluta. Un acontecimiento que pasa en los cines -o en las salas de exposiciones y conciertos, o en las librerÃas- cada diez o quince años. La oportunidad es única, además, puesto que esta obra póstuma de Dreyer no se halla ahora mismo editada en DVD.
Notas:
(1) ArtÃculo de Ib Monty incluido en el número 5 de "Nosferatu. Revista de Cine" (enero 1991).
(2) "Gertrud, Gertrud". Serge Daney.
Comentarios
No hay comentarios sobre la crítica