El maquinista
Crítica
Julio Vallejo









La paranoia parece haber inundado las pelÃculas de los últimos años. Filmes tan diferentes como "Confesiones de una mente peligrosa" (George Clooney, 2002), "Una mente maravillosa" (Ron Howard, 2001), "Dos hermanas" (Kim Jee-Woon, 2003), "Identity" (James Mangold, 2003) o "Alta tensión" (Alexandre Aja, 2003) han abordado de una manera u otras los problemas de unos seres torturados que no saben distinguir entre la realidad y sus propias creaciones mentales.
"El maquinista" viene a sumarse a esta moda. Pese a formar parte de esta corriente, y a diferencia de muchas de las representantes de este pequeño subgénero, el filme de Brad Anderson juega con las cartas boca arriba y sin utilizar trucos de guión. En todo momento, y esto honra a realizador y guionista, se nos dan pistas de que lo que estamos viendo puede ser una consecuencia de la alterada mente de un hombre que lleva un año sin dormir. A través de una fotografÃa deliberadamente gris, el espectador entra en el mundo de pesadilla de un maquinista que sólo parece tener dos puntos de escape: una prostituta que calma sus picores y una dulce camarera. Sin embargo –y como se encarga de subrayar el guión a través de intencionadas repeticiones-, todo puede ser una reinterpretación de lo que le ha ocurrido al personaje en un pasado más o menos reciente. De esta manera, y poco a poco, el espectador va desvelando los problemas y traumas de este hombre sumido en un interminable duermevela. En este sentido, la pelÃcula funciona como lo hacÃa la maravillosa "Memento" (Christopher Notan, 2000)
Para reflejar este mundo aterrador, el director ha contado con la ayuda de una excelente y tétrica fotografÃa de Xavi Jiménez, de la inquietante y herrmaniana banda sonora de Roque Baños y de la absolutamente magistral interpretación de Christian Bale. En este aspecto, el que fuera protagonista de "El Imperio del Sol" consigue que nos creamos a ese hombre cadavérico, insomne y carcomido por la culpa. Sin él, y pese a la gran labor del director, la pelÃcula no alcanzarÃa los momentos de inquietud que alcanza.
"El maquinista" viene a sumarse a esta moda. Pese a formar parte de esta corriente, y a diferencia de muchas de las representantes de este pequeño subgénero, el filme de Brad Anderson juega con las cartas boca arriba y sin utilizar trucos de guión. En todo momento, y esto honra a realizador y guionista, se nos dan pistas de que lo que estamos viendo puede ser una consecuencia de la alterada mente de un hombre que lleva un año sin dormir. A través de una fotografÃa deliberadamente gris, el espectador entra en el mundo de pesadilla de un maquinista que sólo parece tener dos puntos de escape: una prostituta que calma sus picores y una dulce camarera. Sin embargo –y como se encarga de subrayar el guión a través de intencionadas repeticiones-, todo puede ser una reinterpretación de lo que le ha ocurrido al personaje en un pasado más o menos reciente. De esta manera, y poco a poco, el espectador va desvelando los problemas y traumas de este hombre sumido en un interminable duermevela. En este sentido, la pelÃcula funciona como lo hacÃa la maravillosa "Memento" (Christopher Notan, 2000)
Para reflejar este mundo aterrador, el director ha contado con la ayuda de una excelente y tétrica fotografÃa de Xavi Jiménez, de la inquietante y herrmaniana banda sonora de Roque Baños y de la absolutamente magistral interpretación de Christian Bale. En este aspecto, el que fuera protagonista de "El Imperio del Sol" consigue que nos creamos a ese hombre cadavérico, insomne y carcomido por la culpa. Sin él, y pese a la gran labor del director, la pelÃcula no alcanzarÃa los momentos de inquietud que alcanza.
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