El Diablo viste de Prada

Crítica

Julio Vallejo

En los últimos años, la industria editorial parece estar marcada por el auge de la literatura creada por y para mujeres. Lejos de eliminar tópicos acerca de la identidad femenina, este subgénero parece haber reforzado las ideas preconcebidas acerca del mal denominado sexo débil. Las protagonistas de estas novelas suelen ser mujeres trabajadoras, con cierta obsesión por la figura, los trapos y los hombres. En definitiva, y aunque se me pueda tratar de machista, son marujas barnizadas con cierto halo de modernidad. El ejemplo más claro de este modelo es la pizpireta Bridget Jones, el personaje creado por la escritora Helen Fielding. La industria cinematográfica, siempre atenta a los éxitos editoriales, no ha perdido la oportunidad de adaptar el subgénero a la gran pantalla en las mediocres "El diario de Bridget Jones" y "Sobreviviré".

Encuadrada también en el género de novela para mujeres, "El diablo viste de Prada", el libro escrito por Lauren Weisberger, parece, sin embargo, tratar de dotar de verdadera inteligencia y humor a este tipo de literatura de consumo. Una inteligencia que parece haber transmitido a la versión cinematográfica del famoso best-seller. La película de David Frankel, al igual que la novela de Weisberger, narra la peculiar relación que se establece entre una joven e inexperta periodista, y su jefa, la insufrible directora de una revista de moda.

Con un ritmo endiablado, David Frankel convierte su película en una comedia llena de sarcasmo y cinismo que debe mucho a la sitcom televisiva y el videoclip. Sin embargo, y a diferencia de la mayoría de los sosos artesanos que pueblan el Hollywood de hoy, el realizador muestra cierta soltura a la hora de la puesta en escena y la dirección de actores. En este sentido, Frankel consigue que su película tenga ese aire liviano y corrosivo que respira el libro en el que se inspira su largometraje. Por otra parte, Meryl Streep, encargada de encarnar a la terrible editora de la publicación femenina, y Anne Hathaway, eficaz en su papel de principiante redactora, consiguen dotar de veracidad la difícil relación profesional que se establece entre los dos personajes. No menos buena es la interpretación de un divertido Stanley Tucci, que borda un tópico personaje de gay con pluma.

Sin casi darnos cuenta, "El diablo viste de Prada" se puede considerar como una entretenidísima comedia acerca del siempre difícil y competitivo mundo de la moda y de las revistas femeninas. El único defecto que se le puede poner es que, al igual que muchos filmes norteamericanos, no se atreva a llevar su carga crítica hasta las últimas consecuencias.

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