Desayuno en Plutón

Crítica

Julio Vallejo

La vida es un cuento. Ésta es la conclusión a la que llegamos después de ver "Desayuno en Plutón", la última película de Neal Jordan. Con un guión escrito junto a Patrick McCabe, novelista con el que también colaboró en la controvertida "Contracorriente" ("The Butcher Boy"), el realizador irlandés nos cuenta la historia de Patrick "Kitten" Braden, un chico gay que deja su irlanda natal para encontrar a su madre, una mujer soltera que le abandonó cuando era un bebé para marcharse a Londres.

Como si fuera "nuestro amigo Marco", el chaval se cruzará en su búsqueda con un cantante glam (un divertido Gavin Friday), que se convertirá en su primer amante; con un mago (genial Liam Neeson), que se enamorará de él, y con un largo grupo de personajes de lo más excéntrico. También descubrirá que su verdadero padre (Liam Neeson) es el cura de la pequeña población donde vivió con su odiosa madre adoptiva.

Con este argumento, respetando la división en capítulos de una novela y utilizando las canciones pop de la época como un elemento más de la narración, el director irlandés realiza una película que es a la vez una historia sobre la búsqueda de la propia identidad y una mirada divertida al desconcierto vital de los setenta. Como es habitual en él, Jordan también aprovecha para criticar la falsa moral católica de su Irlanda natal y las horrendas acciones terroristas del IRA. Sin embargo, y eludiendo cualquier afán de pontificar sobre cualquiera de los asuntos sobre los que trata el film, Jordan asume el punto de vista de su protagonista, el travesti algo ingenuo interpretado por un genial Cilliam Murphy. En definitiva, "Desayuno en Plutón" es un pequeña y divertida película que gustará a todos aquellos que, pese a haber dejado la infancia hace tiempo, todavía crean en la magia de los cuentos.

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