Capturing the Friedmans

Crítica

Julio Vallejo

El documental parece vivir uno de sus mejores momentos como género cinematográfico. Obras como "Ser y tener" (Nicolas Philibert, 2002) o "La pelota Vasca. La piel contra la piedra" (Julio Medem, 2003) o "Bowling for Columbine" (Michael Moore, 2002) nos han mostrado que la realidad puede ser incluso más interesante que la ficción. Algo que vuelve a ratificar "Capturing The Friedmans", la opera prima del realizador norteamericano Andrew Jarecki.

Con la mano maestra de un realizador experimentado, Jarecki nos cuenta la historia de los Friedman, una familia supuestamente feliz que ve como todo se derrumba cuando el padre y el hijo menor son acusados de humillar y violar a los jóvenes alumnos de una escuela de informática. Contando con la inestimable ayuda de los vídeos y películas rodadas por la familia protagonista del documental, el joven director realiza un monumental trabajo de investigación que, lejos de adoctrinar, permite que el espectador pueda juzgar por sí mismo. En este sentido, la película se distancia del adoctrinamiento ideológico de filmes como "Bowling for Columbine", el interesante, pero algo propagandístico documental del tremendo Michael Moore. Sin embargo, lejos de ser un trabajo aséptico, "Capturing The Friedmans" pone al descubierto dos de los grandes problemas de la sociedad norteamericana: la doble moral y las fisuras de su sistema judicial.

En el primer aspecto, el de la doble moral, la película nos descubre la falsedad que se esconde en los aparentemente pacíficos chalets de la clase media norteamericana. A través de las impresionantes y esclarecedoras declaraciones de Elaine, la madre del clan Jarecki, el realizador norteamericano nos muestra a una familia de apariencia feliz, pero claramente dañada en los cimientos por la falta de calor maternal de la propia Elaine, la pederastia del padre o la fascinación de los hijos por su progenitor. En definitiva, el único miembro femenino de los Friedman nos desvela el lado oscuro de la familia aparentemente feliz.

Más interesantes incluso que los testimonios de Elaine son los vídeos caseros grabados durante el juicio a Arnold, el padre, y Jesse Friedman, el hijo pequeño. Allí es justamente donde somos testigos de los reproches, las peleas y la rabia de una familia que ya no puede ocultar lo evidente: su absoluta descomposición.

En el segundo aspecto que antes comentaba, el de las fisuras del sistema judicial, el filme pone al descubierto los problemas de una institución donde no siempre se defiende la verdad. En este sentido, el documental nos enseña las irregularidades de un proceso jurídico regido por la manipulación de los testigos, la falsedad de los abogados y la escasa fiabilidad de las pruebas.


En definitiva, "Capturing The Friedmans" nos descubre el lado sucio que existe en detrás de cualquier reluciente fachada.

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