Camino a Guantánamo

Crítica

Julio Vallejo

Michael Winterbottom es uno de los culos de mal asiento del cine europeo actual. El cineasta puede vanagloriarse de haber tratado el cine social ("Go Now", "In This World"), bélico ("Wellcome to Sarajevo"), costumbrista ("Wonderland"), de reconstrucción histórica ("Jude el oscuro"), el western atípico ("El perdón"), el falso documental musical ("24 Hour People"), el fantástico ("Código 46") o el porno con coartada rock ("9 songs"). Siempre, eso sí, el inquieto director intenta no cerrarse a ningún género y abordar cada proyecto desde una perspectiva casi siempre inédita.

Con "Camino a Guantánamo", Winterbottom, con ayuda en la dirección de Matt Whitecross, vuelve a sorprendernos con una mezcla de documental y ficción para narrar las desventuras de un grupo de jóvenes que, durante unas vacaciones en Afganistán e Irak, son confundidos con peligrosos talibanes. Maltratados y vejados, los jóvenes serán trasladados a Guantánamo, donde serán sometidos a un régimen carcelario no precisamente humanitario.

Sin cargar las tintas en ningún momento, aunque reflejando el deplorable trato del ejército norteamericano, Winterbottom combina con sabiduría los testimonios de los propios afectados, imágenes de informativos y la reconstrucción dramatizada de los hechos. El resultado de la mezcolanza es fascinante y consigue que el espectador se identifique con la tragedia de unos jóvenes que estaban en el momento y lugar equivocados.

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