Buenas noches, y buena suerte

Crítica

Julio Vallejo

George Clooney se ha convertido en una de las personalidades más interesantes del Hollywood actual. Competente intérprete y compinche de algunos de los más inquietos realizadores actuales (Steven Soderbergh, Joel y Ethan Coen), el actor ha comenzado una carrera como director que promete.

Tras la interesante "Confesiones de una mente peligrosa", un biopic sobre un popular presentador que alternaba su labor en la pequeña pantalla con ciertos trabajos para la CIA, el protagonista de "Ocean´s Eleven" repite ante las cámaras con "Buenos días, y buena suerte", otra historia ambientada en la el ámbito de la televisión. En esta ocasión, Clooney, que asume además las labores de guionista junto a Brian Heslov, nos cuenta los esfuerzos de Edward R. Murrow, un popular presentador de la televisión norteamericana de los cincuenta, por intentar desenmascarar las mentiras que lanza el senador McCarthy desde su Comité de Actividades Antiamericanas. Una cruzada que le llevó a enfrentarse con los responsables de la cadena que emitía su programa; con los sectores más reaccionarios del país, que no dudaron en acusar al periodista de comunista, y con su productor –interpretado en la película por el propio Clooney-, que veía que su programa tenía todas las papeletas para desaparecer de emisión. Sin embargo, y pese a tener casi todo en contra, Murrow triunfó en su peculiar guerra contra el terrible senador.

Combinando imágenes de ficción y fragmentos documentales, el protagonista de "Un romance muy peligroso" realiza un magnífico filme político que recuerda en cierta manera el tono liberal que Sidney Lumet y otros realizadores salidos de la televisión imprimieron a algunas de sus películas de finales de los cincuenta y primeros sesenta. Sin caer en el tono panfletario, Clooney ha construido un filme sobre el poder de los medios para denunciar las corrupciones y los excesos del poder. En este sentido –y aunque sea una afirmación puramente coyuntural-, el realizador norteamericano parece querer trazar paralelismos entre la actitud temerosa de los medios de comunicación norteamericanos en los cincuenta y la cobarde actitud que esos mismos medios siguen teniendo en la era Bush.

Sin embargo, y pese al contenido político del largometraje, Clooney no descuida otros aspectos del filme. La cuidada ambientación, la maravillosa fotografía en blanco y negro, la prodigiosa actuación de David Strathairn, en el papel de Murrow, y un guión plagado de excelentes diálogos redondean un filme que invita a la reflexión y que entretiene a la vez.

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