Blueberry. La experiencia secreta

Crítica

Julio Vallejo

Basada en el personaje de cómic creado por el gran Moebius, "Blueberry", el segundo largometraje del director Jan Kounen, es una extraña e incoherente mezcla de western, película de aventuras y filme fantástico. Con un presupuesto más que holgado y una estética propia del videoclip más presuntuoso, el realizador holandés nos presenta una historia confusa y pretenciosa.

Kounen, que ya nos había horrorizado con la efectista "Dobermann", nos vuelve a dar gato por liebre en esta nueva muestra de falsedad cinematográfica. Con su nula capacidad de narrador, el realizador, formado en el mundo de la publicidad y del clip musical (algo que se nota a la legua), se limita a montar un conjunto de escenas epatantes y presuntamente artísticas. Las aventuras de Blueberry, un cowboy criado por los indios, se convierte, de esta manera, en un puñado de imágenes huecas. Influido por la saga "Matrix" y por la olvidada "El cortador de césped", Kounen nos ofrece una película que parece más una videocreación que verdadero cine. Pero, sin duda, lo más grave del asunto es que su alarde visual, más que sorprender, mueve a la risa. En este sentido, el de la ridiculez, también podrían inscribirse las patéticas escenas de amor acuático entre Blueberry (Vincent Cassel) y María (Juliette Lewis).

Por si fuera poco el desbarajuste, el reparto tampoco ayuda a sostener el filme. Un marmóreo Vincent Cassel, una absurda Juliette Lewis y un horrible Michael Madsen, en el papel de malo de la función, ayudan a hundir totalmente este pretencioso filme.

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