Alejandro Magno

Crítica

Julio Vallejo

Durante los años ochenta y noventa, Oliver Stone se convirtió en uno de los escasos representantes del cine comprometido fabricado en Hollywood. Su habilidad para mezclar sus inquietudes políticas con las formas de las películas de género le aseguraron el éxito y cierto status como autor. El Vietnam ("Nacido el cuatro de Julio", "Platoon", "El cielo y la tierra"), los conflictos en América Latina ("Salvador"), el asesinato de John Fitzgerald Kennedy ("JFK"), la personalidad de un de los presidentes más polémicos de los Estados Unidos ("Nixon"), la azarosa carrera de un grupo musical de los sesenta ( "The Doors"), la violencia en Estados Unidos ("Asesinos natos", "Giro al Infierno") y los tejemanejes del fútbol americano ("Un domingo cualquiera") han sido algunos de los temas tratados en sus polémicas y casi siempre interesantes películas. Ahora, tras tres documentales ("Comandante", "Looking For Fidel", "Persona Non Grata"), el polémico director norteamericano vuelve al territorio de la ficción con "Alejandro Magno", su peculiar adaptación de la vida de uno de los conquistadores más importantes de la Historia.



Como era de esperar, Stone ha realizado una película que no dejará a nadie indiferente. El empeño del realizador norteamericano en ahondar en la bisexualidad y el complejo de Edipo del personaje ya han provocado alguna que otra polémica. Sin embargo, y pese a esta visión supuestamente más humana del personaje, "Alejandro Magno" deja un mal sabor de boca, debido fundamentalmente a la escasa pericia del director a la hora de contar la magnífica historia de un hombre que, con poco más de treinta años, había conseguido hacerse dueño de la mayor parte del entonces mundo civilizado. El retrato de Stone parece empeñado más en mostrarnos las debilidades del personaje que sus grandes virtudes. En este sentido, Stone dibuja a un hombre débil y lloroso que no parece demasiado preparado para conseguir lo que realmente consiguió. La interpretación algo blanda de Colin Farell tampoco consigue dar verosimilitud a su encarnación de uno de los hombres míticos de la Historia.



Tampoco ayudan demasiado las interpretaciones de una patética Angelina Jolie, encargada de dar vida a la manipuladora madre de Alejandro, y de un endeble Jared Leto, que no logra dar credibilidad a Hefestión. Sólo Val Kilmer, con su ruda composición de Filipo, consigue dar un poco de autenticidad al filme.



Por otra parte, los excesos estéticos de Stone y la absoluta nulidad del guión tampoco favorecen a la película. En el primer caso, la utilización de escenas oníricas y la no menos poco acertada utilización de planos imposibles –esa visión cenital de una de las batalla con águila incluida- no consiguen dar al filme su ansiado tono poético y épico. Igualmente desafortunada es la inclusión de Tolomeo (Anthony Hopkins) como narrador. En este sentido, la única función del personaje parece ser la de dar algo de cohesión a un filme repleto de innecesarios flashbacks y de alarmantes fallos de guión.



En definitiva, "Alejandro Magno" es una película fallida y aburrida que no consigue dar visos de autenticidad y emoción a una historia que pide a gritos cierto aliento épico.

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