Por Diego Salgado - 10-10-2005

Nick Park forma parte de Aardman Animation, la compañía creada en 1972 por David Sproxton y Peter Lord, desde 1985, y ha proporcionado al grupo sus mayores éxitos con la plastilina: Un Oscar en 1990 al mejor corto de animación por "Creature Comforts", una nominación al mismo premio y en la misma categoría por "A grand day out" (1989) -primera aparición de Wallace, el inventor cándido y amante del queso, y de Gromit, su inteligente y lacónico perro- y dos estatuillas más por las siguientes breves aventuras de estos personajes, "Wallace & Gromit: Los pantalones equivocados" (1993) y "Wallace & Gromit: Un afeitado apurado" (1995).
Después del interludio que supuso para Park, ya bajo el control de DreamWorks, "Evasión en la granja" (2000), el animador británico se atreve a llevar a Wallace y a Gromit al terreno del largometraje con la ayuda de colaboradores de su confianza como Steve Box (co-director), y los guionistas Mark Burton y Bob Baker. Los cuatro proponen en "La Maldición de las Verduras" que amo y mascota se enfrenten a un enorme conejo-lobo, producto indeseado de las actividades de la pareja erradicando plagas.
Como película de animación, "La Maldición de las Verduras" resulta elegante y evocadora. Ofrece un equilibro admirable entre lo absurdo y lo tradicional; entre la calidad de los decorados, la fotografía o las “interpretaciones” –prodigiosa la de Gromit- y la fisicidad nada oculta de los materiales de trabajo; entre el humor infantil y una excentricidad típicamente británica; entre las escenas de acción y otras de atmósfera terrorífica o casi costumbrista; entre los guiños cinéfilos y una personalidad propia; y entre lo fabuloso y lo cotidiano. Una serie de contrastes deliberados que deslumbran y divierten.
No quiere esto decir que nos hallemos ante una obra maestra, porque en "La Maldición de las Verduras" pesan sus reiterativos 85 minutos de metraje, demasiados para la historia que se cuenta. Pero la inteligencia, el encanto y hasta la belleza que desprende la película destacan en el panorama actual de la animación (y de la imagen real, qué demonios) y la hacen muy recomendable.