| Título Original | La buena voz |
| Género | Drama |
| Año | 2006 |
| País | España |
| Fotografía | Gaizka Bourgeaud Zarandona |
| Música | Juan Carlos Pérez |
| Guión | Claudio Crespo |
| Director | Antonio Cuadri |
Pepe, un rudo y tosco taxista cercano a los sesenta y que trabaja en Bilbao, lleva una vida rutinaria y tranquila hasta que sufre un ataque al corazón. Rosa, su mujer, vive totalmente dedicada a él. El matrimonio no tiene hijos. Él procede de Castilla, y ella de Guadalajara.
Buscando una nueva vida, sus respectivas familias se instalaron en el País Vasco. Rosa, siendo muy joven entró a servir como criada de la familia Olabarría, donde llegaron a tomarle un especial afecto y cariño. La hija, Begoña, de su misma edad, se convierte con el paso de los años en una gran amiga y confidente. Pero Begoña, al contraer matrimonio con un rico industrial catalán, abandona Bilbao para trasladarse a Barcelona, donde vive desde entonces con su marido y sus dos hijos mayores, Jordi y Oriol.
Al cabo de veintisiete años, Begoña, aprovechando que su hijo menor (Jordi) decide afincarse en Bilbao, visita de nuevo la ciudad y en esta ocasión llama a Rosa, a la que no ve hace años. El interés de este encuentro se basa en un motivo concreto: Begoña le confiesa a Rosa, su antigua criada y amiga, que el padre de su hijo Jordi no es su marido Adriá, sino Pepe.
Begoña necesita poner en conocimiento de Rosa y de Pepe este secreto que hasta ese día no había revelado a nadie. La reacción de Rosa, sorprendentemente, es cercana, comprensiva y positiva.
Rosa y Jordi simpatizan inmediatamente. La sensibilidad del chico y la soledad de ella, son los elementos que hacen brotar una relación afectiva, instantánea y profunda. La influencia de Rosa, de Begoña, su madre y la de su pareja, un chico llamado Mikel contribuyen a que, de nuevo, surja el interés de Eric por la vida en general, por el trabajo, por la escritura y por llevar a cabo una tesis sobre Antonio Machado, al que admira desde niño a través del idolatrado Serrat de su madre.
La reacción de Pepe, sin embargo es bien distinta; al saber que su hijo es homosexual, le rechaza de plano. Sin embargo, el destino y las circunstancias van a poner las cosas de tal forma que el obstinado machismo y los prejuicios ancestrales del taxista desaparezcan.