Naturaleza muerta

Crítica

Julio Vallejo

Frente al cine oficial chino y el tono comercial de cintas provenientes de Hong Kong, Jia Zhang-ke ha desarrollado una manera de rodar reposada y poética del que "Naturaleza muerta" es su máximo exponente

La ciudad de Fengjie, cubierta por las aguas, funciona en esta cinta como símbolo de lo que podemos salvar en el río de nuestra vida. En ella se desarrollan dos curiosas historias de amor: la de un minero que decide casarse con su ex mujer después de 16 años de separación y la de una enfermera que se encuentra con el marido que la abandonara dos años atrás.

Simultaneando las dos tramas y utilizando de manera magistral el paisaje de una población parcialmente inundada, Jia Zhang-ke nos cuenta dos historias sobre personas que de una u otra forma intentan sobrevivir después de que sus vidas naufragaran en algún momento de su existencia. Todo ello está narrado de una manera reposada y muy bella. Además, el cineasta consigue que la película funcione a la vez como la crónica de un momento en la relación de las dos parejas protagonistas y como el pequeño drama de una ciudad que va desapareciendo poco a poco bajo las aguas.

En resumen, "Naturaleza muerta" es, sin ninguna duda, una de esas películas que gustará a amantes de los platos cinematográficos cocinados a fuego lento con el fin de emocionar. Algo que consiguió entre los miembros del jurado de la Mostra de Venecia del 2006 que, pasando por alto otras propuestas, le concedieron el León de Oro.

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