Por Patty Bonet - 25-01-2005

“Si llego a la curva antes que el coche, es que Manech está vivo…” De estas pequeñas pruebas vive Matilde, la eterna enamorada que vive un largo noviazgo en la cuarta película de Jean-Pierre Jeunet, que nos dejó boquiabiertos años atrás con su encantadora “Amélie”. Esta vez, vuelve a trabajar con su protagonista Audrey Tautou para contar una historia de amor que sucede en París con el trasfondo de la Primera Guerra Mundial, en la que una jovencita que sufre de cojera vive toda una odisea para buscar a su novio al que todos consideran muerto. Para ello se valdrá de un pintoresco grupo de personajes que le irán ayudando a recopilar pistas y poder encajar todas las piezas de un puzzle que resulta muy complicado a los ojos del espectador.
Nos encontramos ante la película más cara del cine francés, que muestra imágenes muy crudas de la guerra y que nos hace añorar en varios momentos el carácter fabulesco de su anterior “Amélie”, que lo único que pretendía era “hacernos felices”. En esta ocasión, Jeunet nos muestra también el deseo por encontrar al amor perdido de la protagonista, con guiños parecidos a su antecesora como la forma de relatar las características de cada personaje, la inclusión de elementos que parecen más mágicos que puras casualidades o el hecho de que haya contado con secundarios que también aparecían en ella.
El resultado final viene a ser el de una película entretenida, con una fotografía y una música impecables, así como el trabajo de los actores secundarios, pero que nos hace echar de menos el sabor dulce con el que nos dejó “Amélie” y la tristeza de poder recordarla sólo por su parecido físico y su tenacidad para conseguir aquello que desea.
Lo mejor: La fotografía y los momentos en los que la protagonista se vale de pequeñas pruebas para saber que su amado está vivo.
Lo peor: La narración de la historia que provoca confusión y pérdida de la trama en el espectador.