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Robert Benton vuelve a buscar la lagrimilla del respetable en una aceptable adaptación de un Best-Seller americano (por cierto, ¿en Estados Unidos saben leer?)llena de legendarias estrellas del más puro celuloide yanqui.
La cosa marcha de maravilla y el Hanníbal da un recital Wagneriano de sufrimiento humano (Ay si lo hubiera conocido Stanislavsky) apoyándose en la eficaz pelirroja australiana.
Recomiendo este culebrón apartheidiano, sobretodo a los que se creen que tienen más problemas que días vividos en este cruel e hipócrita mundo.
Por cierto, no digo nada de la música ni de la fotografía porque con el presupuesto de esta película sólo faltaría que ni eso tuviese bueno.
SAPERE AUDE
Mientras salga la Kidman tiene que estar bien.Por cierto, me quede sin verla en el Festival de Cine de San Sebastian.