Garfield. La película

Crítica

Julio Vallejo

Desde su creación en 1978, Garfield se convirtió en uno de los personajes favoritos del universo pop. Gordinflón, vago y malencarado, esta creación del guionista y dibujante Jim Davis es la perfecta reencarnación del antihéroe.

Ahora, veintiséis años después de su nacimiento, Hollywood ha hincado el diente a tan entrañable dibujo para hacer una película de imagen real que convierte al gato en una creación por ordenador. El resultado, por desgracia, es un filme tonto e infantil sólo digerible por lo más pequeños de la casa.

El primer error del filme es apostar por Peter Hewitt, un artesano bastante soso. Este realizador, responsable de la infantiloide "Los Borrowers", no consigue dotar de vida y verdadero toque gamberro a las aventuras del bromista Garfield. Por otra parte, los guionistas, dispuestos a hacer una película excesivamente infantil, han creado un guión torpe y tonto donde -horror de los horrores- Garfield rescata al perro que le ha quitado el puesto predominante en el podium mascotil de su amo. En este sentido, los responsables de la película demuestran un desconocimiento del cómic. Como todo buen aficionado al personaje puede intuir, la posibilidad de que Garfield se convierta en un héroe es prácticamente nula.

Por si fuera poco, la ridícula historia de amor entre el amo de Garfield, interpretado por un sosísimo Breckin Meyer, y una veterinaria, encarnada por esa nulidad llamada Jennifer Love Hewitt, no consigue nada más que hundir un poco más al filme. Sólo alguna gracia aislada del Garfield animatrónico anima un poco la aburridísima función.

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