Por Julio Vallejo - 12-03-2005

Alexander Payne se ha convertido en uno de los mejores retratistas del americano medio actual. Centrado en los personajes y con unos guiones llenos de diálogos brillantes, el director americano ha tratado temas como el aborto (“Citizen Ruth”), el arribismo (“Election”) y la vejez (“A propósito de Schmidt”). Lejos tanto de la acidez de las películas de Todd Solondz como del simplismo de la mayoría de los largometrajes del Hollywood actual, los protagonistas de los filmes son personas muy lejos de la perfección, aunque con un lado tierno que los acerca al espectador.
“Entre copas”, en este sentido, parece continuar con sus retratos de hombres corrientes que Payne ha ido trazando en su anterior filmografía. Las peripecias de Miles, un profesor de literatura y escritor fracasado, que decide iniciar un viaje por los viñedos californianos con un su mejor amigo, Jack, un actor a punto de casarse, es un agudo y certero retrato de la crisis de madurez. Con humor y a través de la contraposición de dos formas de vida contrapuestas –la vitalista, representada por Jack, y la pesimista, encarnada por Miles–, Payne nos habla de la dificultad de abandonar los sueños de juventud y de la dolorosa experiencia de asumir el fracaso. Siempre positivo, a pesar del triste panorama vital de esta peculiar pareja de cuarentones, Payne decide que sus personajes tengan una oportunidad para salir del pozo en el que ambos parecen no saber salir. Esa oportunidad les llegará cuando ambos se encuentren con Maya, una camarera divorciada (Virginia Madsen), y Stephanie (Sandra Oh), una madre soltera bastante ardiente en el ámbito sexual. Sin embargo, sólo uno de ellos –y no descifraremos cuál– aprovechará la ocasión para dar un giro a su vida.
Sin acudir nunca al subrayado, “Entre copas” se convierte en una bonita película que, tras su aparente liviandad, trata temas como el fracaso, el paso de tiempo y la necesidad de tener a alguien al lado a alguien que te ame. Gran parte del mérito del filme hay que dárselo a un espléndido Thomas Haden Church, encargado de dotar de humor a su vitalista actor, y a un maravilloso Paul Giamatti, sencillamente increíble en su interpretación del depresivo Miles.