Hannibal: El origen del mal

Crítica

Julio Vallejo

La saga de Hannibal Lecter está acabada. Así lo atestigua la mediocre "Hannibal, el origen del mal", la película que narra los primeros años de este fascinante psicópata con afición a la carne humana que ya protagonizara "Hunter", "El silencio de los corderos", "Hannibal" o "El dragón rojo".

Con el propio Thomas Harris, el novelista que ideó el personaje, como guionista, y con la correcta realizador del británico Peter Webber, el filme aburre más que fascina. Los orígenes aristocráticos del personaje, su conversión en sediento criminal y la venganza que perpetra contra los asesinos de su familia están narrados con una sosería realmente pasmosa.

Harris, creador del personaje para el papel, demuestra que le falta la concreción y tensión a la hora de llevar a la pantalla sus escritos. La cinta se convierte de esta manera en la narración de una venganza que tiene más que ver con los viejos largometrajes de Charles Bronson que con un asfixiante thriller. Todo ello, eso sí, aliñado con el toque oriental de moda y una pizca de gore marca de la casa.

Con estos materiales de partida, Webber se limita a rodar con cierto gusto pero sin ninguna tensión. Todo da un poco lo mismo y nada entretiene realmente en "Hannibal, el origen del mal". Por si fuera poco, Gaspar Ulliel, encargado de interpretar a Lecter, no consigue dotar a su personaje de la fascinación que consiguió Anthony Hopkins en "El silencio de los corderos", "Hannibal" y "El Dragón Rojo". Más una cara bonita que un verdadero actor, el francés se limita a convertir a su asesino en un sádico con el que el espectador no simpatiza en ningún momento.

Lejos del clasicismo de la magistral "El silencio de los corderos" o de la divertida exageración de "Hannibal", "Hannibal, el origen del mal" está más cerca de la asepsia y el aburrimiento de "El Dragón rojo", aquel horrible remake de "Hunter". Julio Vallejo.

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