
He visto la película y conozco en primera persona la trayectoria del Teatro Yeses y su directora Elena Cánovas. Si bien siento orgullo porque Belén Macías se haya fijado en estas chicas, creo que el resultado final no refleja los elementos claves: el teatro como recurso de reinserción social para las presas, y el desafío de introducir dicha iniciativa en una democracia tan joven en las instituciones penitenciarias de entonces, de mano de una mujer con nombre propio. En su lugar, Belén Macías opta por la demagogia de la vida adversa de estos personajes, las presas, y encima, no tiene el valor de dignificar a las Yeses como es debido, reconociendo una "inspiración libre" en los hechos, y no que se basa en ellos, y calcando la vida en primera persona del personaje de Verónica Echegui rodeado de miserias, y sin nisiquiera un reconocimiento póstumo.
Una vergüenza comprobar lo que se esconde detrás de esta producción.