Almodóvar sigue en Cannes como productor de la película Niña santa

Cuando las luces de la inauguración apenas están apagadas en las memorias de los festivaleros, Pedro Almodóvar vuelve a subir los escalones del Palacio del Festival de Cannes, esta vez como orgulloso productor de Lucrecia Martel y su "Niña santa".
La noche inaugural, unas luces azuladas como esas que detectan los billetes falsos daban un aire irreal a la imagen del director contoneándose al ritmo de canciones decadentes, rodeado de travestis. Imagen años setenta, o reproducción del original, con unos años y unos kilos de más, sin MacNamara ni rock duro, ante un público francés entregado que no habla ya de tópicos como la movida y celebra el socialismo español como sinónimo de nuevos tiempos.
Almodóvar ha contraído en Francia el virus del reconocimiento tardío y total. Qué lejos queda, en su discurso idílico también, el recuerdo de un joven director de un lugar de la Mancha que lloraba de rabia en una pizzería no lejos del paseo de la Croisette porque el dichoso Festival de Cannes no lo entendía ni quería ninguna de sus películas.
Cura sin pasar por monaguillo, llegó a ser jurado sin haber tenido ninguna película en selección. Los americanos de Hollywood firmaron un contrato millonario por "Mujeres al borde de un ataque de nervios" en el Mercado de Cannes y fue el principio de su mundialización. En máquinas arreglaban así un desaguisado cometido en cubierta. El ahora presidente del festival, Gilles Jacob, reconoció que Almodóvar fue uno de sus errores. No comete muchos y los reconoce muy poco.
Almodóvar da la mano ahora a Lucrecia Martel que tiene una trayectoria muy diferente. Meteórica. Cannes dejó escapar su opera prima "La ciénaga" y ésta triunfó en Berlín, pero desde ese momento los franceses le entonaron incesantes cantos de sirena, la invitaron a la Cinefundación que el festival tiene en París. No querían dejarla escapar por nada del mundo.
Misión cumplida. Lucrecia ha vuelto a hacer los deberes de manera impecable y sin florituras. La mala educación de su niña santa parte también de recuerdos, cuenta también experiencias sexuales, son laicas, algunas podrían resultar chocantes. No lo son porque la joven directora tiene tacto y un enorme talento narrativo.
La reacción en el pase de la prensa fue más bien circunspecta. Así lo recogía Quintín, el director del festival de Buenos Aires, a pie de escalera, con un interés que recalcaba sólo periodístico. Algunos representantes de la prensa ilustre francesa adelantaban estos días que "La niña santa" era un peliculón. La habían visto aprovechando una visita al festival de la capital argentina.
Flaco favor le han hecho a la directora poniéndola por las nubes por adelantado. Nunca se debe recomendar una película con vehemencia. Siempre gustará menos de lo que merece. En Francia, los distribuidores han pagado un dineral, unos 350.000 dólares, y la película está en buenas manos.
El público y los mirones de la Croisette pasan sin duda ampliamente de estas consideraciones, y tienen toda la razón. El espectáculo está en la calle. Los intermitentes franceses han logrado que muchísima gente entienda el concepto de sus trabajos en el mundo artístico y la precariedad de su situación gracias al escaparate de Cannes. Y eso sin necesidad de ponerse duros.
O casi. No todos los días tiene uno la oportunidad de ver a unos señores encaramados a los árboles, los unos colgando pancartas y los otros, uniformados, arrancándolas de inmediato. La versión cannense del juego de guardias y ladrones.
Un puñadito de compradores presenciaron atónitos la invasión de un cine del Mercado, 300 butacas y una decenas de presentes, por un comando de intermitentes bastante despistados. "¿Pero qué hacen aquí? ¿Por qué invaden más bien el Palacio, que se verá más?", les preguntó uno de los compradores con mucho sentido común. "¡Es que allí no nos dejan!", contestó con buen humor uno de los ocupantes.
Delante del hotel Carlton, afectado por una pertinaz huelga de personal que ni pide aumentos, solo refuerzos, el flamante director de la Mostra de Venecia, Marco Muller, llamaba la atención con su invernal traje negro de pana espesa, chaleco incluido, a pesar del calor reinante al borde del mar. Hojeaba plácidamente LHumanité. Si los amigos de Berlusconi se enteran de sus lecturas, igual dura menos que sus antecesores en el cargo
En la Croisette también, la imagen de medio centenar de profesionales argentinos y franceses encerrados en uno de los pabellones de lona bajo un sol de plomo, luchando contra el efecto invernadero y batallando para conseguir que los dos países vayan de la mano para producir películas en buenas condiciones financieras. Ojalá lo consigan y sienten así un precedente exportable a otros países.
01-12-2004 |
AFP |
Recomendar esta noticia
Comentarios de Almodóvar sigue en Cannes como productor de la película Niña santa
No hay comentarios sobre esta noticia
Los comentarios deberán ajustarse al tema de la página, ser comprensibles, legibles, respetuosos y no repetitivos. No podrán albergar spam o cualquier tipo de publicidad comercial. Tampoco deberán contar partes importantes de una película.